Beneficios de la meditación

¿Cuántas veces ponemos etiquetas en las personas?


Nuestro intelecto, esa parte de la mente que juzga, tiene la tendencia a categorizar todo lo que vemos : todo debe ser  bonito o feo, malo o bueno. Esto sucede con cosas materiales, experiencias vividas y …personas.

 

Cuando juzgamos a una persona, sea un ser querido o alguien a quien acabamos de conocer, le ponemos una etiqueta encima. Estas etiquetas pueden ser positivas: inteligente, amable, especial, o bien negativas: feo, inútil, malagradecido…

Las etiquetas las ponemos porque hacemos un juicio, y ese juicio está ligado a una reacción en cadena que ocurrió en nuestra mente y ni siquiera nos dimos cuenta.

 

Ante una situación, comentario o acción de alguien más, primero tenemos un pensamiento; este pensamiento está determinado por algún evento del pasado: una situación similar, una herida que no ha sanado.  Este recuerdo nos produce además una reacción en el cuerpo, y juntos crean una emoción.  Con base en esta emoción, emitimos un juicio inconsciente en menos de 30 segundos: conocemos a alguien e inmediatamente pensamos “ qué  amargado es!”

 

         Las etiquetas las ponemos a diario a nuestros seres queridos, no nos damos cuenta, y también tienen que ver más  con nosotros mismos que con la persona a quien se la pusimos.  Estas etiquetas determinan la forma en que se va a desarrollar esa relación.

 

         Y ponemos tantas, que en un momento determinado, ya no podemos ver a la persona tal cual es, solo vemos las etiquetas, lamentablemente casi siempre negativas.

 

         De repente nos vemos sorprendidos porque un ser querido o alguien importante en nuestra vida actúa de una manera determinada y pensamos: “ esto no lo vi venir!, de dónde salió?”  Pero si devolviéramos el reloj, podríamos ver a través de las etiquetas, que siempre hay signos o señales que indican que esto iba a pasar o que esta persona iba a reaccionar así.  Pero ignoramos las señales  porque estábamos actuando con emoción, con reflejos condicionados por las etiquetas impuestas.

 

         La buena noticia es que, así como las pusimos, podemos quitarlas. La clave es tomar las etiquetas, una por una, y con cada una, identificar primero la emoción relacionada ( cómo me hace sentir? ), luego el pensamiento que llevó a esa emoción y por último la situación que generó el pensamiento.  Es un ejercicio sencillo pero poderoso que puede hacer girar el curso de una relación en muy poco tiempo.

 

         Si no juzgáramos tanto, viviríamos la vida con menos melodrama, menos dolor, menos confusión.  Cómo lograrlo?  La clave está en tener más control sobre el instante entre el cual ocurre un evento y el momento en que reaccionamos a él.  O sea, meditamos!

 

         La meditación nos permite reaccionar con más  consciencia, más sabiduría, despierta nuestra habilidad de fluir con mayor paciencia, mayor intuición, y nos ayuda a activar nuestra atención al momento presente.  Nos ayuda a tener un momento de claridad antes de emitir un juicio, antes de reaccionar, antes de poner una etiqueta.

 

         Según la ley del karma o de causa/efecto, todo lo que hacemos tiene una consecuencia, a corto o largo plazo, así que vivamos el momento presente para poder prestar más atención a cada una de nuestras decisiones!